Antes de Prince, estaba Stevie
Wonder. Un músico que luchó duro por su emancipación creativa y que vivió
décadas de extraordinaria productividad, cuando cedía abundantes temas a otros
artistas.
Stevie Wonder lleva unos años tranquilos. Incluso, podríamos decir
décadas de relativo silencio: desde 1996, solo ha publicado un álbum con canciones nuevas (A time to love, 2006). Lo
que no significa que esté retirado, ni mucho menos: actúa y colabora
regularmente con otros artistas, cantando y/o tocando armónica.
Algún día sabremos qué está pasando por la cabeza, por la vida de
Stevie. Hoy sencillamente celebramos su asombrosa creatividad durante los años
sesenta, setenta, ochenta. Como Prince, era capaz de trabajar solo en el
estudio, tocando todos los instrumentos (aunque prefería contar con el input de otros músicos).
Como compositor, tenía canciones para dar y tomar: Superstition,
por ejemplo, fue compuesta en el estudio en presencia del asombrado guitarrista
Jeff Beck; Stevie prometió ceder el estreno de la canción al británico pero,
como Beck se retrasaba, Motown terminó publicando antes la versión de Wonder,
que llegaría al nº 1 de Estados Unidos.
Las canciones de éxito firmadas por Stevie incluyen temas grabados
por Minnie Riperton, Syreeta (su primera esposa), las Supremes, los Spinners,
Sergio Mendes, Paul McCartney, Dionne Warwick, Third World, The Main
Ingredient, Roberta Flack, Quincy Jones, ¡Eddie Murphy! Se rescata aquí una pequeña maravilla poco
conocida: Buttercup, de Carl Anderson.
Y se nos suele olvidar algo importante: el repertorio de Stevie ha
sido recreado por multitud de jazzmen e instrumentistas latinos. En este sentido, muchas de sus canciones
son standards. Y Stevie Wonder, el
equivalente de Duke Ellington para el jazz moderno. Pueden comprobarlo/disfrutarlo aquí.