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Venía
a decir George Clinton: “libera tu mente y el cuerpo se liberará”. Seguramente,
fueron Clinton y sus proyectos –Parliament, Funkadelic- los que más disfrutaron
de la emancipación creativa que trajeron Jimi Hendrix, Miles Davis, Sly &
the Family Stone
...

Y
sí, infinidad de grupos y solistas negros se liberaron. Lo llamaron psychedelic soul. Prescindieron de los
uniformes, facturaron temas largos, incluyeron solos de guitarra o teclado,
invitaron a la revolución sexual y/o política. Internalizaron las mismas
libertades que se habían ganado los grupos blancos a partir de 1967. Así fue
como los Chamber Brothers, músicos folk de Mississippi que actuaban en el
Festival de Newport, se reinventaron como banda de acid rock con el muy inquietante “Time has come today”, once
minutos de viaje alucinógeno.

Hasta
un currito de estudio de Motown, el guitarrista (blanco) Dennis Coffey, se
transformó en funkatero e invocó la retórica radical del agitador John Sinclair
al bautizar sus acompañantes como la Guitar Army Band. No resulta extraño que,
encerrado en la Casa Blanca, Richard Nixon se sintiera paranoico, convencido de
que había una revuelta en preparación.

También
los jazzmen se electrificaron y se subieron a la cresta de la ola. Algunos
hasta se pusieron a cantar o canturrear, caso de Don Cherry, Keith Jarrett…¿qué?...ah
perdón, hoy no toca Restoration Ruin,
el disco de Keith Jarrett  en plan
cantautor. Otro día: los finales de los sesenta, principios de los setenta, son
tan fértiles en formidable música negra rupturista que se merecen otros
programas. Permanezcan en la sintonía.