Este programa viene cargadito de
voces viriles y ritmos recios. Es más, incluso rebosa tes-tos-te-ro-na. Suele
ocurrir cuando pinchas dos temas seguidos de lo último de Tom Jones. Con típica
perversidad, vienen precedidos por un blues fálico interpretado por los Doors.
Resulta que en su reciente autobiografía, Over the top and back, Tom reconoce
que los Doors no le gustaban nada (página 304 de la edición Penguin Random
House UK). Y lo extraordinario reside en que en, esos dos temas del galés, hay
ecos de Jim Morrison y de los ritmos favoritos de los Doors. Escuchen y ya nos
dirán.
Qué quieren, nos gusta ser
picajosos y señalar incongruencias. Las incoherencias son la sal de la vida, lo
que finalmente nos separa de esos pluscuamperfectos robots que están
fabricando. Aunque tiene cierta lógica que un cantautor como Nathaniel Rateliff
se reinvente como soulman del sello Stax o que los peludos de la Edgar
Broughton Band acoplen un éxito de los Shadows (¡millones de chavales
intentaron tocar “Apache”!) con un no éxito del Captain Beefheart (una
orgullosa reivindicación del underground, al que pertenecían ambos).
De la misma forma que todos los
dulces necesitan un punto de sal, aquí cerramos con una conmovedora obra cumbre
del minimalismo: esa pieza del inglés Gavin Bryars que despega con un anónimo
vagabundo cantando un himno religioso, una expresión de fe frente a la
adversidad que aquí es retomada por el trueno de Tom Waits. Otro día pondremos
integra esta versión de Jesus’ blood never failed me yet, que dura…74 minutos.