
Desde la sala del vestíbulo, el Museo de Bellas Artes de la calle Gravina sigue iluminando, como si de un faro se tratase, las noches musicales de los martes alicantinos con una programación seria y diversa.
El pasado martes, le correspondió a la pianista uzbeca radicada en España Asya Nebolsina proyectar luces de música de altura sobre el numeroso público que llenaba la sala aun en estas fechas de Semana Santa.
Asya presentaba un programa de obras sin aparentes vínculos conceptuales, más allá de los retos técnicos y el goce estético que obtendrá con la interpretación: dos sonatas de Mozart (KV 331 y 332) en la primera mitad, seguidas de dos obras de Ravel y "Faschinkgsschwank aus Wien Op. 26" de Robert Schumann.
Comentaremos la segunda mitad del recital que pudimos presenciar. De la célebre "Pavane pour une infante défunte" de Maurice Ravel, la joven Asya extrajo toda la expresividad melancólica que esta página inmortal de la música occidental atesora. La pianista mantuvo un tempo muy acertado con el que supo acentuar tanto las frases cristalinas como las más tenebrosas. Memorables fueron algunos de los pasajes centrales de su interpretación, con los que consiguió transmitir el efecto hipnótico de esas notas que evocan gotas de lluvia.
En la obra primeriza "Jeux d'eau" (1901) con la que Ravel alcanzó a su maestro Debussy, Asya dejó de lado la melancolía para adentrarse en terrenos más lúdicos. Fue la suya una interpretación vibrante y fogosa, propia de la juventud que exhibe, la cual no le impidió pulsar un fraseo claro y nítido como esas gotas que chispean cantarinas antes del inicio de la tormenta.
La joven instrumentista, con un presente esplendoroso y un futuro que se presume glorioso en cuanto pula esas mínimas brusquedades en los finales, concluyó su recital alicantino con una poderosa interpretación del "Faschinkgsschwank aus Wien" schumanniano. Tras la merecida ovación, el público abandonó la sala "como levitando", mejor cumplido no se puede hacer a una intérprete que confiamos volver a escuchar en nuestras salas.
En esta ocasión, en detrimento de otras obras menos conocidas, no nos resistimos a escuchar la "Pavana por una infanta difunta" de Ravel, obra por la que quien escribe estas líneas siente auténtica debilidad. Obsérvese la extraordinaria calidad de la grabación (salvo alguna saturación del sonido en los fortes), la cual refleja la excelente interpretación de Asya Nebolsina en el MUBAG.