La disciplina sostiene procesos que la motivación no puede.
Sin embargo a veces nos movemos desde un lugar de autoexigencia radical, de un dialogo interno violento e implacable que nos mantiene en la marcha.
¿Qué pasa si activamos otra energía que nos guíe hacia la perseverancia a partir del amor, de lo liviano, de lo luminoso? Ahí aparece la devoción.
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