Hay historias que no solo se cuentan…
se sienten en la tierra, en el cielo, en el humo que sube lento desde lo profundo.
Esta es la leyenda de Popocatépetl e Iztaccíhuatl.
Un amor detenido en el tiempo.
Dos almas convertidas en montaña.
Porque hay esperas que se hacen eternas…
y fuegos que nunca se apagan.