Marcial Maciel no fue un líder espiritual.
Fue un depredador disfrazado de santo.
Fundador de los Legionarios de Cristo, carismático, venerado, intocable.
Durante décadas, utilizó la religión como máscara y la obediencia como arma.
Los jóvenes que formaba eran educados para callar, obedecer y no cuestionar nunca.
Dudar era pecado. Pensar por cuenta propia, traición.
Maciel abusó de niños, tuvo hijos en secreto, llevó una doble vida.
Y todo eso fue posible porque miles de personas aprendieron que obedecerlo era obedecer a Dios.
Este episodio no solo cuenta su historia.
Es una advertencia.
Un espejo.
Y un grito para quienes aún hoy, en cualquier institución, se ven forzados a entregar su conciencia en nombre de la fe.
🎙️ Porque la obediencia sin conciencia… es sumisión.