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Cruz de Término de Orihuela

Datada en el siglo XV, esta cruz de piedra mide aproximadamente 76 cm de altura y 104 cm de anchura. Se conserva en el Museo de Arqueología e Historia de Elche. La cruz original se encontraba junto al convento franciscano de San José, en las inmediaciones del antiguo camino de Orihuela, a las afueras de la ciudad. En ese mismo lugar puede verse hoy una réplica que recuerda su emplazamiento histórico.

Las cruces de término, también conocidas como cruces de humilladero, eran elementos característicos del paisaje medieval. Se alzaban en los accesos a villas y ciudades, en cruces de caminos y en límites territoriales, con una doble función: señalar el territorio y ofrecer un punto de recogimiento espiritual.

En su origen, eran sencillos mojones de piedra, pero con el tiempo fueron adquiriendo formas más elaboradas, convirtiéndose en auténticas obras del arte gótico. La cruz de Orihuela responde a esta evolución, con una estructura cuidada y una clara intención devocional.

Además de su función territorial, estas cruces invitaban al viajero a detenerse y rezar. Se acostumbraba a implorar protección para el camino, pedir lluvias para los cultivos o alejar enfermedades y plagas. Eran, en muchos casos, umbrales simbólicos entre el mundo rural y el recinto urbano.

Sus raíces podrían remontarse a los últimos siglos del Imperio romano, cuando en las encrucijadas se erigían altares paganos. Con la cristianización, estos espacios se transformaron en humilladeros, lugares de oración al aire libre integrados en la nueva religiosidad medieval.

Aunque antaño fueron comunes en todo el territorio peninsular, muchas de estas cruces desaparecieron con el crecimiento de las ciudades y la transformación de los caminos. La cruz de término de Orihuela, conservada hoy como pieza histórica, y la réplica que ocupa su antiguo lugar, constituyen un valioso testimonio del arte, la espiritualidad y la organización territorial en la Edad Media.