En este capítulo de Villamanta, donde duerme la Historia, nos detenemos en una frase breve, pero extraordinaria, que abre una puerta a la memoria, a la tradición y a la Historia documental.
Un documento fechado el 21 de agosto de 1569 sitúa a Felipe II en Villamanta, y desde esa mención nace una reflexión fascinante: la vieja leyenda que durante generaciones contaron los mayores del pueblo, según la cual el rey, en sus viajes entre El Escorial y Toledo, hacía parada —e incluso noche— en Villamanta.
A partir de esa línea escrita, este episodio recorre la fuerza de la tradición oral, la lógica de los caminos del siglo XVI, el paso de las comitivas reales y la emoción de descubrir cómo una pequeña villa aparece, de pronto, ligada a la gran Historia de España.
Un capítulo de evocación, documento y memoria, en el que una simple anotación convierte una antigua leyenda en una posibilidad histórica real.