Después de un parón —por vacaciones, por una lesión o simplemente por necesidad— suele aparecer la misma tentación: compensar. Entrenar más fuerte, más días, demostrar que no hemos perdido nada.
En este episodio hablo de por qué volver con prisa suele ser el primer error. De cómo la cabeza va por delante del cuerpo, de la trampa de “probarse” demasiado pronto y de por qué retomar bien casi siempre significa hacerlo más despacio de lo que nos pide la ansiedad.
Un episodio para volver sin castigos, sin heroicidades y con una idea clara: la continuidad no se recupera acelerando, se recupera volviendo con calma.