La familia sufre tanto o más que el adicto mismo. Hay padres que lloran, esposas que oran, hijos que no entienden.
¿Qué le dirías a una madre que nos escucha ahora, preocupada por su hijo que está cayendo en ese mundo?
¿Cuáles son algunas señales que pueden alertar a una familia de que su hijo o un ser querido está comenzando a tener un problema de adicción?
En la Biblia, Jesús no solo sanaba el cuerpo, sino también el corazón.
Por eso dijo: “El Espíritu del Señor está sobre mí… me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón y a proclamar libertad a los cautivos” (Lucas 4:18).
Las adicciones se rompen cuando el corazón es sanado.
Hay familias que aman, pero no saben cómo ayudar.
No encubrir el problema, no justificar conductas, buscar apoyo espiritual, grupos de oración, ayuda pastoral o profesional. Amar, pero poner límites saludables.
Qué importante es amar y amar no es permitir todo. Amar es guiar con verdad y gracia.