Muchos creyentes sienten que viven en un círculo sin fin: fallar, arrepentirse, ser perdonados y volver a intentarlo. Pero lejos de ser un fracaso, este proceso es parte del camino de libertad. Dios no se escandaliza por nuestras luchas internas; Él las acompaña. Y en esa compañía paciente, día a día, su fidelidad va construyendo lo que nuestras fuerzas no pueden.
Hay esperanza, hermano mío. Aunque parezca que repites la misma batalla, aunque sientas que no avanzas lo suficiente, recuerda esto: Dios terminará la obra que comenzó en ti. Tu infidelidad no es un obstáculo para Él. Tu debilidad no cancela su plan.
Segunda de Timoteo 2:13 “Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo.”