En este episodio de Macro sin Filtro analizamos el ascenso y caída de las grandes potencias mundiales desde una perspectiva macroeconómica que va más allá del crecimiento, la tecnología o la industria. La clave para entender por qué un imperio domina el mundo radica en el crédito y la demografía.
Un imperio es siempre el lugar donde se vive mejor, donde fluye el capital con facilidad y donde el crédito es abundante y barato. Pero detrás de esa superficie existe una variable silenciosa y determinante: el crecimiento poblacional. Sin expansión demográfica no hay consumo interno, no hay tamaño de mercado y no hay capacidad real de proyectar poder económico.
Revisamos el caso de Japón, que durante los años ochenta parecía destinado a convertirse en la potencia mundial dominante hasta que su propio freno demográfico lo llevó a una larga fase de estancamiento de la que nunca logró recuperarse. Analizamos también por qué China enfrenta un desafío similar y por qué, a pesar de su narrativa de superpotencia, su transición demográfica pone en duda su capacidad de liderazgo global en las próximas décadas. Si un país no crece en población, su peso relativo en la economía mundial se reduce y, con él, la calidad y tamaño del crédito disponible.
Entender este fenómeno es fundamental para anticipar los ciclos de poder mundial y tomar decisiones de inversión con perspectiva de largo plazo.
**Este contenido no constituye una recomendación de inversión.
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