En el Evangelio de Marcos, Jesús enseña que la verdadera pureza no depende de ritos externos ni de tradiciones humanas, sino del corazón. Él afirma que no es lo que entra por la boca lo que contamina al ser humano, sino lo que sale de su interior: los pensamientos, las palabras y las acciones.
Marcos presenta a Jesús llamando a una conversión profunda, donde la pureza nace de un corazón transformado por Dios y se manifiesta en una vida coherente, llena de amor, verdad y misericordia.