El día que el ser humano escribió el poema en piedra, papiro o papel mató a la poesía antigua. Pasó de vivir en la mente para habitar en el objeto. De poesía compartida en voz alta a poesía leída en silencio. Allí se quedó fijada, inmóvil, sin admitir más añadidos ni más errores. El poeta se convirtió en un ser solitario y melancólico condenado a vagar por los rincones buscando a las musas griegas. Pero antes que los griegos, antes que los romanos, los pueblos ya habitaban en la poesía, en la voz y en la palabra.