Estamos viviendo una época de -transición- a una nueva era o una nueva normalidad.
Como en toda época de transición, hay mucho trabajo por hacer, territorios por recuperar y cosas que restaurar. Y muchas veces suele ser agotador.
Pero en medio del cansancio y la fatiga, nuestra fe no puede flaquear. Tenemos que tener la seguridad de que Dios está en control de todas las cosas y que la mejor temporada para nuestra vida, nuestra familia y para la iglesia, está por comenzar.