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Marcos 14:32-42 (La Palabra)
Llegados al lugar llamado Getsemaní, Jesús dijo a sus discípulos: — Quédense aquí sentados mientras yo voy a orar. Se llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y comenzó a sentirse atemorizado y angustiado. Les dijo: — Me está invadiendo una tristeza de muerte. Quédense aquí y manténganse vigilantes. Se adelantó unos pasos más y, postrándose en tierra, oró pidiéndole a Dios que, si era posible, pasara de él aquel trance. Decía: — ¡Abba, Padre, todo es posible para ti! Líbrame de esta copa de amargura; pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú. Volvió entonces y, al encontrar dormidos a los discípulos, dijo a Pedro: — Simón, ¿duermes? ¿Ni siquiera has podido velar una hora? Manténganse vigilantes y oren para que no desfallezcan en la prueba. Es cierto que tienen buena voluntad, pero les faltan las fuerzas. Otra vez se alejó de ellos y oró diciendo lo mismo. Regresó de nuevo a donde estaban los discípulos y volvió a encontrarlos dormidos, pues tenían los ojos cargados de sueño. Y no supieron qué contestarle. Cuando volvió por tercera vez, les dijo: — ¿Aún siguen durmiendo y descansando? ¡Ya basta! Ha llegado la hora: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores. Levántense, vámonos. Ya está aquí el que me va a entregar.

PENSAR: El Señor estuvo en oración en un huerto. Hay que hacer la conexión entre el hombre Adán en el jardín del Edén y el Hombre Jesús en el Getsemaní. Adán en el Edén falló en el momento de la tentación, y Jesús en el Getsemaní cumplió fielmente su obediencia al amoroso Padre celestial.
Como seres humanos, nos toca hacer una construcción de nuestro mundo. Podemos imaginarnos al mundo de una cierta manera, como resultado de nuestra observación, y de la influencia y la educación que hemos recibido. También esa imaginación se plasma en los artefactos que hacemos para rodearnos de ellos. De modo que así nos hacemos al mundo.
Por eso es muy importante la manera en que concebimos el jardín en el que estamos. Dios nos puso en un jardín, y puso a nuestra disposición miles y miles de frutos. Sólo hay uno que es prohibido. ¿Cómo vamos a imaginarnos a nuestro mundo? ¿Como una bendición? ¿Como un regalo de la gracia de Dios? ¿O lo vamos a imaginar como un lugar horrible, caótico, difícil, lleno de tortura sólo porque hay un fruto que se nos ha negado?
Esto depende de las voces que escuchamos y nos influyen. La serpiente nos dice que Dios se ha puesto en nuestra contra sólo porque nos ha dicho que no en una proporción mínima comparada con todo lo que nos ha dado. Esa es una mentira. Es un dardo de fuego que debemos apagar con el escudo de la fe. Nos dice que el mundo no tiene sentido porque Dios trata de hacernos sufrir.
En cambio, Jesús escuchó la voz de Dios, que nos puso en este mundo para verlo como un regalo. Así, en medio de su agonía, él puede orar en la postura contraria a la de Adán. Adán hizo su voluntad y no la de Dios. Jesús pide que no se haga su voluntad, sino la del buen Padre celestial.

ORAR: Señor Jesús, gracias por tu ejemplo de fidelidad. Ayúdanos a orar como tú. Amén.
IR: El pueblo de Dios no debe nunca dejar de asombrarse por la maravillosa gracia de Dios.