Listen

Description

1 Samuel 3:8-10 (Nueva Versión Internacional)
Por tercera vez llamó el Señor a Samuel. Él se levantó y fue adonde estaba Elí. —Aquí estoy —le dijo—; ¿para qué me llamó usted? Entonces Elí se dio cuenta de que el Señor estaba llamando al muchacho. —Ve y acuéstate —le dijo Elí—. Si alguien vuelve a llamarte, dile: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”. Así que Samuel se fue y se acostó en su cama. Entonces el Señor se le acercó y lo llamó de nuevo: —¡Samuel! ¡Samuel! —Habla, que tu siervo escucha —respondió Samuel.
PENSAR: Tal y como somos, el Señor nos invita a servirle. Por su palabra, nos llama a ser siervos y siervas de su buena voluntad. Con su sello marca nuestro corazón como su propiedad, y vive en nosotros por la fe.
El nombre Samuel lleva la misma raíz del verbo escuchar, de modo que en la historia de este profeta tiene mucho que ver la acción de oír claramente, de escuchar con atención. Ana, su madre, clamó a Dios pidiéndole la bendición de tener un hijo, y Dios escuchó. Ahora Dios está llamando a ese hijo, y el pequeño Samuel está aprendiendo a escuchar, como lo menciona su nombre.
Escuchar requiere dedicar toda nuestra atención, dejar de lado las distracciones, para concentrarnos en lo más importante. En la relación con Dios es necesario aprender a escuchar bien, para desechar todo tipo de ruido que puede llegar a confundirnos. En el caso de Samuel, el papel que desempeñó Elí fue fundamental.
En primer lugar, Elí no menospreció a Samuel por ser pequeño. Tomó en serio la posibilidad de que era Dios quien estaba llamando a Samuel, a pesar de su corta edad. Hoy en día hace falta que maestros y maestras tomemos en serio la vida espiritual de la infancia y adolescencia. Además, Elí instruyó a Samuel para saber escuchar la voz de Dios. Le dijo cómo responder con respeto y disposición. No le dio herramientas para criticar la palabra de Dios, ni para ponerla en duda, ni para rechazarla. Lo preparó para estar receptivo y obediente, para identificar la voluntad de bendición de Dios, y ponerse a su servicio en el mundo.
En el discipulado de la siguiente generación, es crucial que maestros y maestras creamos que la vocación de Dios es real para niños y jóvenes, y que proveamos enseñanza y ejemplo sobre cómo responder al llamado. Aun recuerdo al maestro que me enseñó a cantar el himno “Heme aquí, mi Señor, habla, que tu siervo oyendo está. Quiero ir; presto estoy. Me complace hacer tu voluntad”. ¿A quién podríamos ayudar a escuchar la voz de Dios hoy? ¿Cómo podemos enseñar a responder con la palabra y el ejemplo?
Dios nos conoce y nos ama inmensamente. Nos dio la vida y nos formó, nos conoce mejor que nadie. Es el Dios que nos llama.
ORAR: Señor, enséñanos a ayudar a otros a saber cómo escucharte y cómo obedecerte. Que lo hagamos con palabras y con el ejemplo. Amén.
IR: Conozcamos más profundamente nuestro llamado. Es un regalo de Dios para servir a su pueblo y a su mundo. Dios nos conoce y nos llama.