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Salmos 126 (La Palabra)
Cuando el Señor hizo renacer a Sión, creíamos estar soñando.
Entonces nuestra boca se llenó de sonrisas, nuestra lengua de canciones.
Los otros pueblos decían: “El Señor ha hecho maravillas por ellos”.
El Señor ha hecho maravillas por nosotros y estamos alegres.
Señor, haznos renacer como a torrentes del Négueb.
Los que siembran entre lágrimas, cosecharán entre cánticos.
Al ir, va llorando el que lleva las semillas;
pero volverá entre cantos trayendo sus gavillas.
PENSAR: Los grandes eventos de la historia de la salvación tienen dos niveles de aplicación. Uno es el grande, el macro-histórico, el irrepetible, el suceso que marcó nuestra liberación y nuestra redención, como la salida de los esclavos hebreos de Egipto, o la muerte del Señor Jesús en la cruz. El otro es el biográfico, el micro-histórico, el singular, que ocurre todos los días, de manera personal en la vida de la persona creyente. De modo que, cotidianamente, damos testimonio de “la mano fuerte y brazo extendido” de Dios en acción en situaciones de nuestra biografía como individuos. Así también, cotidianamente hemos de vivir la realidad de la cruz cuando somos seguidores de Cristo Jesús.
En el caso del exilio a Babilonia ocurre algo similar. El salmo 126 hace referencia a la experiencia histórica del pueblo que sufrió el exilio, con un fuerte contenido de nostalgia por la restauración, pasada o futura, del pueblo. Pero esta referencia histórica se hace concreta y muy personal en la figura del que va llorando con sus semillas preciosas. En cierto sentido, todos experimentamos el exilio y suplicamos a Dios que nos haga volver de la cautividad. Todos somos ese sembrador que va llorando en el camino del exilio, lanzando al aire su posesión más preciosa, la semilla, hasta que su bolso quede vacío.
La experiencia de “cautividad” que hemos vivido en este último año en todo el mundo, nos ha hecho valorar mejor este salmo. Es una promesa de regocijo, es un anuncio del futuro de esperanza, es una celebración de la victoria que Dios obtendrá, de manera irremediable e implacable, sobre todas las fuerzas del mal.
Así, este salmo, que pinta un panorama tan desolador como el desierto del Neguev, también sugiere la idea de la renovación de la vida que viene con el arroyo, con el cambio de temporada. Después de un aguacero vespertino, el arroyo se llena de una corriente que cambia la desolación en vida. La súplica consiste en este tipo de provisión divina. Que Dios cambie la situación de cautividad en la que estamos, y que podamos volver recogiendo cosecha en gavillas llenas.

ORAR: Señor, renueva nuestra esperanza en medio de este cautiverio. Cambia nuestras lágrimas en regocijo profundo, por lo que tú quieres hacer con tu mundo. Amén.

IR: Vale la pena seguir sembrando con lágrimas, porque vamos a volver con gozo, recogiendo gavillas llenas de vida en abundancia.