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Marcos 8:11-13 (La Palabra)
Llegaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús. Para tenderle una trampa, le pidieron que hiciera alguna señal milagrosa de parte de Dios. Pero Jesús, suspirando profundamente, dijo: — ¿Por qué pide esta gente una señal milagrosa? ¡Les aseguro que no se les dará señal alguna! Y, dejándolos, se embarcó de nuevo y pasó a la otra orilla del lago.
PENSAR: ¿Por qué pedir señal milagrosa? Después de tantas personas sanadas y libradas de sus aflicciones y opresiones, después de la señal de los panes y los peces, del perdón de pecados y la enseñanza que sustenta una vida de libertad y alegría, ¿Por qué pedir una señal más? ¿Es que acaso hay una señal que sea más convincente que otra? ¿Es que los fariseos realmente quieren creer en Cristo, y sinceramente sólo piden una señal más, para poder creer?
Cuando alguien no quiere creer, no hay señal alguna que sea suficiente. En la petición de los fariseos va implícita su intención. Quieren tenderle una trampa al Señor Jesús. No está bien pedir un milagro con el fin de tender una trampa. Los milagros no tienen como propósito prestarse al juego de las trampas de los fariseos. Son demostraciones de la compasión de Dios por el mundo, señales de la buena voluntad de bendición de parte de Dios, y anuncios de la nueva creación que ha llegado en Cristo Jesús.
Por eso es ofensiva la petición de los fariseos, porque no repara en la necesidad de la gente, porque sólo quiere atrapar a Jesús en algún error, porque se ríen del anuncio del reino de Dios que ha venido en la persona de Cristo Jesús. Porque para ellos un milagro no es el evento que transforma para siempre un destino de muerte en esperanza de nueva vida, sino sólo la ocasión para discutir y tender una trampa.
Esta mala levadura sigue presente en mucha gente hoy en día. Cuando alguien, pensando que es una persona muy piadosa, muy creyente, y muy cristiana, pone más énfasis en la observancia correcta de una cierta tradición religiosa, en lugar de ver cómo el evangelio toca, bendice y transforma la vida de la gente, esa persona está infectada con la mala levadura del fariseísmo.
Es un cierto modelo de ministerio y de vida religiosa cristiana. Se identifica por poner los programas en primer lugar, antes que las personas. En ese modo de pensar, las estructuras son más importantes que la transformación del corazón, y los milagros sólo sirven para ponerle trampas al Señor. Ante esa actitud, el Señor Jesús sólo suspira profundamente, como evidencia de su enorme paciencia, y busca retirarse porque todavía tiene mucho que hacer.

ORAR: Señor, gracias por tu paciencia con nosotros. Enséñanos a seguirte hoy. Amén.

IR: Vale la pena seguir sembrando con lágrimas, porque vamos a volver con gozo, recogiendo gavillas llenas de vida en abundancia.