A través de la práctica podemos estimular el hábito de mantenernos serenos la mayor parte del tiempo. A lo largo del día, en los momentos de mayor conflicto, ya sea por cuestiones de trabajo, familiares, etc. es cuando más podemos poner a prueba, nuestro gusto por permanecer en un estado vibratorio relajado, muy presente, que nos permite observar todo lo que pasa en el entorno, manteniéndonos tranquilos. El acelere habitual no le permite a muchas personas acercarse a su parte más zen, ya que consideran que hay que hacer grandes rituales o invertir mucho tiempo para lograrlo. Es muy fácil, con voluntad y toda la intensión de sentirnos bien, podemos convertir momentos en oasis de bienestar y paz personal.