La iglesia es la comunidad bienaventurada del pacto que celebra continuamente la misericordia y los beneficios de Dios presentes y venideros. El culto que celebramos los cristianos es un homenaje al Rey de reyes; es una celebración de nuestra redención y es deleite en la relación de pacto con Dios que nos bendice y sustenta.
¿Será que hay mucha diferencia entre la adoración antes de Cristo y después de Cristo? ¿Habrán cambiado mucho las cosas?
Si bien, han ocurrido algunos cambios, estos no significan una discontinuidad ni una ruptura ni una abolición del pasado, sino un cumplimiento y una amplitud a su máxima expresión del conocimiento de Dios cono Rey y Salvador en Cristo Jesús y una afirmación plena de nuestra identidad y llamado como pueblo del pacto.
¿Qué permanece?
La misma relación; PACTO
La misma distinción; Benefactor-beneficiarios
La misma oferta; GRACIA
La misma demanda; OBEDIENCIA
La misma dinámica; En Espíritu y en verdad
¿Qué hay de nuevo?
Nueva revelación; el Hijo encarnado
Nuevos ritos; el bautismo y la mesa
Nuevo templo; Piedras vivas, real sacerdocio
Nuevos horizontes; todas las naciones
Nuevos himnos; al cordero inmolado
Ya que las sagradas escrituras nos revelan el carácter y grandeza de Dios como Señor del Pacto y la manera apropiada de adorarlo, habremos de cuidar que el culto congregacional sea regulado por las escrituras, no introduciendo elementos por motivos sentimentales o subjetivos sino con base escritural; promoviendo la participación de los creyentes como pueblo del Pacto por medio del canto, la oración, la acción de gracias, el oír la exposición de la palabra y responder en alabanza a la revelación de Dios; celebrando en el culto comunitario cristiano la provisión de gracia de Dios manifestada en el reinado universal de Jesucristo, la redención obrada por Su persona y Su obra, el refugio que sólo en Jesús encuentran los creyentes y la esperanza y certeza del su retorno al fin de los tiempos.
La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. (Col 3.16)