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Hay veces que me comparten o me encuentro con frases que a primera vista son correctas, piadosas y útiles para la vida en Cristo – pero al analizarlas detenidamente a la luz de las escrituras, presentan algún problema o terminan discrepando en alguna manera con el evangelio.

He aquí tres ejemplos de este tipo de frases “cliché”:

{1} “Dios está más interesado en su santificación que en tu felicidad”

{2} “Para vivir en consagración a Dios, debemos dejar los placeres de la vida”

{3} “Deja de buscar a Dios por conveniencia y ven a él desinteresadamente”

Estas frases parecen correctas; mucha gente las comparte e incluso trata de aplicarlas a su vida – pero en algún momento algo no cuadra, algo se ha perdido – por eso tenemos que analizarlas bajo el lente de la Palabra de Dios.

¿Realmente Dios no está interesado en nuestra felicidad?

¿Realmente Dios quiere que dejemos de disfrutar los placeres en nuestra vida?

¿En realidad Dios demanda que le busquemos desinteresadamente?

Y si alguien insiste en responder “sí” a estas preguntas, ¿Cómo podríamos entonces poner en práctica la exhortación de Cristo “Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos”?

La buena noticia es que Dios no está en contra de nuestra felicidad, ni quiere volvernos desdichados, ni mucho menos nos llama a una vida carente de placer.

El Padre no envió al Hijo al mundo para evitar que seamos felices, sino para que nuestro GOZO pudiera ser completo (Jn.15:11).

Las enseñanzas de Cristo generalmente concluyen con una celebración y una gran fiesta – cuando el amo le dice a sus súbditos “Entra en el GOZO de tu Señor”

Jesús mismo, no fue conocido por su estoicismo ni por su rechazo de la alegría, en realidad fue acusado de ser “comelón, bebedor, fiestero y amiguero” (Mt.11:19)

El pecado y el placer NO son lo mismo – siempre que los cristianos han equiparado lo uno con lo otro, se ha incurrido en excesos y errores; como el celibato, la autoflagelación, el legalismo y el sectarismo.

Hay placeres que debemos abandonar en pro de la santidad, pero hay deleites que legítimamente podemos disfrutar como parte de las bendiciones de Dios.

El cristiano ha rendido su vida a Jesucristo en la certeza de que es lo que más le conviene. El problema no es que el ser humano busque su conveniencia, sino que no sabemos lo que realmente nos conviene.

Si los hombres supiéramos lo que nos conviene, buscaríamos a Cristo mientras puede ser hallado.

Nadie hace nada de manera desinteresada; detrás de toda conducta, decisión y obra hay un interés que gobierna a las personas – la cuestión es si ese interés es correcto o no, si obtenerlo valdrá la pena o será un derroche.

Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre. (Sal.16:11)

Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. (Heb.11:6)

Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. (Mat.5:12)