He aquí el contraste entre el paganismo y el cristianismo:
los dioses paganos NO se sacrifican por los humanos, viven lejos, en el olimpo, en los cielos, en su palacio distante - no caminan con los hombres, no se compadecen de los humanos, no habitan con nosotros - son de otro mundo, de otra categoría - no se ensucian las manos por sus criaturas.
El Dios del cristianismo, en cambio, es un Dios compasivo, cercano y solidario - nuestro Señor Jesucristo no se quedó distante en su trono (aunque tenía derecho de hacerlo) - se despojó de sí mismo, se envolvió en carne, sangre, huesos y humanidad - se hizo palpable, visible - menospreciable, escupible, golpeable, clavable - aborrecible y culpable; todo por gracia y en solidaridad con la criatura pecadora para librarle de la muerte y la furia del infierno.
Así de grande es su amor; no es amor de palabra, no es sentimentalismo barato - es amor en encarnación; sacrificial y sin reservas.