La palabra de Dios es un excelente espejo; en ella se nos revelan nuestras deficiencias, se nos confronta con nuestros pecados, somos exhibidos tal como somos - por eso es viva y eficaz; porque traspasa toda máscara y disfraz, elimina toda apariencia y presunción y nos deja expuestos a la verdad - como espejo, podemos y debemos vernos a la luz de la palabra de Dios para saber qué errores debemos corregir, qué pecados hemos de confesar, qué ídolos debemos destronar, qué mentiras necesitamos demoler... usémosla para analizarnos continuamente.
EXAMINÉMONOS a nivel de:
{A}cciones ¿Cuáles son mis frutos?
{N}utrición ¿Qué me alimenta el alma?
{A}genda ¿Cuáles son mis prioridades?
{L}uchas ¿A qué le temo? ¿Qué me preocupa?
{I}ntereses ¿Qué valoro? ¿Qué persigo?
{S}eguridad ¿Dónde me refugio?
{I}nversiones ¿En qué se me va la vida?
{S}ueños ¿Qué me da esperanza?