Nuestro gozo, nuestra esperanza, nuestro consuelo y nuestra certeza NO pueden descansar sobre un terreno movedizo, ni pueden fundamentarse en algo inestable - requerimos un ANCLA que nos mantenga a salvo e inamovibles ante los embates de las tormentas de incredulidad, los vientos de adversidad y la marea de temores - esa ancla es la PALABRA de Dios: inerrante, infalible, suficiente y poderosa - en sus promesas, y sus doctrinas seremos afirmados, confortados y fortalecidos.
Así que, hermanos, estad FIRMES, y retened la doctrina que habéis aprendido... Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia, conforte vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra
(2Tes. 2.15-17)