Tal como los buenos marineros no se forman sin fieros mares, ni el oro más puro no se obtiene sin calor extremo, así mismo una fe sólida y una esperanza firme no se fragua en la ausencia de aflicciones ni en las circunstancias de mayor comodidad – son las horas de adversidad, las jornadas de quebranto, los tiempos de crisis y las temporadas de dificultad, lo que permitirá que el creyente en Jesucristo, frágil y vulnerable; diminuto como el polvo y transitorio como la neblina, conozca la grandeza de su hacedor, se aferre firmemente a la mano de su Padre Dios, haga de Cristo su todo en todo y se goce, a pesar de las lágrimas, en la misericordia, la paz y el consuelo que el Buen Rey provee para quienes son sus siervos.
Como creyentes en Jesucristo, NO es un escapamos de la realidad; la afrontamos, la soportamos y la atravesamos confiando en aquel que hará todas las cosas nuevas y que asegura la victoria sobre toda miseria y tribulación – por eso mismo, en todo momento, podemos bendecir el nombre de nuestro buen Dios.
Alaba, alma mía al Señor; alabe todo mi ser su santo nombre.Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguna de las cosas buenas que él te da. Él perdona todos tus pecados y sana todas tus enfermedades, y rescata tu vida del sepulcro. Te rodea de tierno amor y misericordia. Llena tu vida de cosas buenas…
{Sal.103:1-4}