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Description

Día a día, invariablemente y sin excepción, el cristiano requiere del poder y la dirección del Santo Consolador. Es que el Santo Espíritu de Dios no es accesorio, ni accidente, ni complemento, ni guarnición - es el proveedor de fuerza para la carrera terminar, es la potencia que asegura la victoria en la batalla contra la iniquidad, es la vitalidad celestial que mortifica toda obra carnal, es la garantía de victoria sobre la murte y el terror infernal, es el productor de frutos de piedad y santidad; es la provisión cotidiana de fe, vigor, valor, esperanza, gozo y paz.

"Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros" (Jn 14.16-18)