Dios demanda a veces cosas que son imposibles; a un pescador llamado Pedro, su Hijo le ordeno “ven sobre el mar” – y todos sabemos que los humanos no pueden caminar sobre el agua. El mismo Jesús le dijo a un paralítico “levántate” ¿Por qué le pide algo así? – Y en Efesios se llama al ser humano: “Levántate de los muertos”.
¿Cómo es posible obedecer tal llamado de Dios? ¿Será suficiente la fuerza de voluntad? ¿Cómo pueden los muertos levantarse? ¿Si hoy estamos vivos en Cristo, de quién es el mérito? ¿De nuestro “libre albedrío” o de la soberanía y gracia de Dios?
Esta es la dinámica sobre la que opera el evangelio; por GRACIA somos salvos, no por obras – pero la GRACIA de Dios que puede generar un nuevo nacimiento, es la misma GRACIA que generará una nueva obediencia en la vida de los redimidos.
¿Cómo resucitamos a un muerto? En realidad, eso es obra de Dios – nosotros somos llamados al asombro ante el milagro de la redención. Y a nosotros mismos se nos hace el llamado: ¡LEVÁNTATE DE ENTRE LOS MUERTOS!