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“No os embriaguéis con vino… antes sed llenos del Espíritu” (Efe.5.18)

Tanto el borracho como el cristiano han cedido el control – el borracho ha perdido control de sí y se ha dejado dominar por el alcohol, ya no tiene control de lo que hace, lo que dice, lo que piensa – y tal pérdida de control es un peligro.

El cristiano también ha cedido el control; pero tal entrega resulta en beneficio – ahora es controlado por la verdad, la justicia, la prudencia y la sabiduría – ya no quiere tener el control, sino que voluntariamente se ha entregado a Dios - quien por su palabra y Espíritu le gobierna en santidad.

La vida cristiana consiste en ceder el control a Dios – la sobriedad es mantenernos bajo control divino. Ya hemos intentado en el pasado “autogobernarnos” y resultó que no pudimos. Es sólo el poder, la palabra y el Espíritu de Dios lo que podrá poner orden en nuestra vida, de modo que vivamos sobriamente.

Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos SOBRIOS (1Ts.5.5-6)