Cuando no sabemos que es la providencia de Dios la que dirige y sostiene el curso de la historia y todo cuanto acontece en la realidad, tratamos de encontrar otras explicaciones - así es como muchos piensan que el "destino" o la "casualidad" son los responsables de lo que nos sucede.
Pero en un mundo dirigido y gobernado por un Dios todo-soberano y excelso en sabiduría, nada ocurre por casualidad o coincidencia - no hay accidentes ni remiendos - todo sucede bajo Su control y vigilancia.
Así mismo, la idea de un "destino" que rige los sucesos de la vida, es una manera de sustituir al Dios verdadero, un intento de tener ayuda y propósito sin tener que someternos a una norma objetiva ni relacionarnos personalmente con Dios - confiar en la ayuda, el cuidado o las bendiciones del "destino" es confiar no el alguien, sino en algo - una especie de fuerza impersonal con la cual no necesito un compromiso personal ni someterme a una norma objetiva de conducta.
Una perspectiva muy cercana a estos "cuentos" es la de obtener guía por medio de las "puertas abiertas y las puertas cerradas" - incluso muchos cristianos caen en este error, de regir su vida y sus decisiones basados en las circunstancias y no en la palabra revelada de Dios.
Pero no es ni la casualidad ni el destino, ni siquiera las puertas abiertas o cerradas lo que debe dirigir nuestra vida; sino que estamos llamados a confiar en la providencia de Dios y a someternos a la palabra de Dios.
Toda circunstancia ocurre bajo la providencia Divina; toda acción y pensamiento debe regirse por Su palabra revelada - Su providencia nos sustenta y Su palabra nos gobierna.