Nuestro compromiso religioso es antitético al mundo como sistema de valores corrompido por el vicio, la tranza y la vanidad. Pero ejercemos nuestro compromiso religioso EN el mundo, como esfera de existencia. Y debiéramos al mundo con la verdad, la justicia y la belleza del reino de Dios; viviendo sobria, justa y piadosamente.
Ya que el hombre, tras la caída; ha quedado sujeto a una condición de pecado y miseria, manifestando su tendencia a detener con injusticia la verdad no sólo practicando aquellas cosas que son condenadas por Dios, sino deleitándose en ello y con quienes así mismo viven, promoviendo una cultura de necedad, vanidad y hedonismo; habremos de sostener el carácter de las Escrituras como norma de vida, patrón moral, referente de identidad y fuente de consuelo y gozo para todos los creyentes, quienes piensan y viven antitéticamente al mundo en sometimiento a Cristo y su palabra.
¡EL REINO DE LOS CIELOS SE HA ACERCADO!
Y ya que la cultura del reino proclama el control, providencia y poder de Dios sobre todas las cosas, nos oponemos al paganismo, al fanatismo y a toda superstición que le atribuya control a alguien que no sea el Dios Santo y Todopoderoso.
Ya que la cultura del reino reconoce como autoridad suprema la palabra de Dios; el único juez supremo y maestro de verdad; nos oponemos a todo relativismo que tergiverse la verdad, tuerza la justicia o proclame la mentira.
Y ya que creemos que el Reino de Dios se ha acercado a la tierra y se está extendiendo en todas las esferas de la creación, nos oponemos a todo dualismo e intento de reservar aspecto alguno de la vida como si fuera autónomo e independiente del gobierno y autoridad del Señor.
…la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente (Tito 2.11-12)
Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. (1Tes. 5.5 )