Dios protege a sus hijos, pero póngale candado a su puerta.
Dioses poderoso sanador, pero vaya a su consulta médica.
Dios es proveedor, pero cuide su trabajo.
Dios es amparo y defensa, pero no confíe en desconocidos.
Dios es sustentador, pero ahorre tanto como pueda.
Dios es guardador, pero no ande solo de noche.
Dios es guía, pero consulte el mapa.
Dios tiene todo bajo control, pero póngase el cinturón de seguridad.
He aquí la tensión cotidianda entre admirar y confiar en el soberano gobierno del todo poderoso Dios y así mismo hacernos responsables de nuestras desiciones y conducta - Dios es soberano y nosotros somos responsables. Dios tiene todo bajo control, pero lo que sembramos, eso cosechamos.
La providencia divina es motivo de descanso y alivio de ansiedad - pero no debemos usarla como pretexto para la negligencia, el libertinaje, la insensatez o la irresponsabilidad.
Somos responsables de la manera en que administramos nuestra vida y de lo que hacemos con aquello que nos viene a la mano para hacer.
Con ambas realidades debemos vivir; amparados en la providencia divina y responsabilizándonos de nuestras acciones.
Prudencia, astucia, precaución, prevención, cautela y alerta son actitudes que no están peleadas con la fe en Dios, la confianza en su soberanía y la dependencia de su providencia.
Cristo nos llama a descansar en paz, cobijados por su providencia - pero eres responsable de ponerle llave a tu puerta cada noche.
El prudente ve el peligro y lo evita; el insensato sigue adelante y recibe el daño.
Proverbios 27.12