La posmodernidad, corriente cultural de nuestra época, se deja caracterizar por tres términos: consumismo, nihilismo y hedonismo. Gran parte de nuestra identidad y método de obtener felicidad se establece por medio del consumo. El antiguo dicho de Descartes, «Pienso, luego existo», ha cambiado en el tiempo actual a la frase «Consumo, luego existo».
Pero es irónico que la sociedad posmoderna que tiene más comodidades que nunca, más ropa de la necesaria, más comida de la que puede engullir, más recreación que ninguna otra generación del pasado; más sexo, drogas, música, juguetes, vacaciones, medicinas, autos, tarjetas de crédito, maquillaje y zapatos – es al mismo tiempo la generación más quejosa, egoísta, aburrida, ansiosa, delicada y frustrada de la historia.
No será sino hasta que encontremos en Cristo la fuente inagotable de gozo, que hallaremos también contentamiento y saciedad – entonces el corazón dejará de vomitar queja y amargura para desbordar gratitud y alabanza. El consumismo nunca nos dará lo que sólo en Jesús se puede obtener: satisfacción, dicha y plenitud de vida.
"Gastamos dinero que no tenemos, en cosas que no necesitamos, para impresionar a gente a la que no le importamos"
“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”
Filipenses 4:6