El gesto de postrarse y adorar al niño Jesús por parte de los magos no es solo una escena histórica, sino una llamada profunda a todos los creyentes. Al ver la entrega total de los magos, estamos llamados a hacer lo mismo: entregarnos sin reservas a Cristo. El Rey que nació en Belén, que bajó del cielo para redimirnos, merece nuestra fe activa, nuestro conocimiento personal, y nuestra adoración genuina.
La verdadera entrega a Cristo no es una cuestión de palabras o de intenciones superficiales. Es un acto de total rendición, en el que nuestras vidas son ofrecidas como sacrificios vivos, santificados y agradables a Dios (Romanos 12:1). Como los magos, que le dieron al Niño regalos de oro, incienso y mirra, nuestra entrega debe ser costosa, sacrificial, y llena de amor hacia el Salvador.
El llamado de los magos es un eco a través de los siglos para toda la cristiandad: entregarnos, postrarnos, adorar y seguir a Cristo con un corazón sincero y comprometido. Cristo es el Rey que vino para redimirnos, y ante Él, la única respuesta verdadera es la de una vida entregada por completo en adoración.
Que este llamado nos inspire a vivir con una fe activa, un conocimiento personal del Salvador y una adoración genuina, rendidos ante el Rey que vino a redimirnos. Que nuestra vida sea una ofrenda de adoración continua, a la altura de lo que Él merece.
"Venid, adoremos al Señor" (Salmo 95:6).