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La palabra de Dios, que es viviente y eficaz, destroza el engaño del pecado - (Heb.3:12-13) - el pecado tuerce la verdad, maquilla la impiedad, disfraza la iniquidad; pero con la palabra de Dios el pecado es visto tal cual; horrendo, sucio, engañoso, perverso y profano - cuanto más tengamos una mente transformada por la palabra, más seguros estaremos de no caer en el engaño del pecado.

La palabra de Dios; que es viviente y eficaz, dispersa el engaño de las circunstancias - las situaciones adversas, las calamidades e incluso las cosas buenas pueden ser engañosas - alguien podría interpretar la enfermedad como "mala suerte" y la riqueza como "favor divino" - pero los creyentes en Jesús no andamos por vista; no medimos el amor de Dios en proporción a las comodidades que podamos disfrutar, ni dudaremos de su bondad por causa de las leves tribulaciones momentáneas - angustia, hambre, tribulación e incluso muerte, no habrán de ser motivos para caer en incredulidad, queja o rebelión - hombres como Noé, Abraham y Moisés nos sirven de ejemplos de perseverancia, obediencia y esperanza por encima de las circunstancias y apesar de las adversidades (Heb.11:7-10)

La palabra de Dios, que es viviente y eficaz, nos libra del engaño del corazón - el corazón humano, dada la corrupción y sus debilidades, tiende a la inconstancia y a la ignorancia (Heb.3:10), es presa fácil de la incredulidad (Heb.3:12) e incluso cae en insurrección (Heb.3:15) - pero ahí es precisamente donde la palabra de Dios discierne los pensamientos y las intenciones para obrar una "cirugía sanadora" quitando el engaño, extirpando la incredulidad y sanando la naturaleza torcida del hombre interior.

Un corazón sin Dios es una roca de incredulidad, vanalidad y engaño - pero el poder Divino puede ablandar el más duro pedernal y dar vida nueva a un corazón endurecido.