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LOS CRISTIANOS NO TENEMOS “VIDA SECULAR”

En la cosmovisión reformada, una de las falacias más insidiosas y dañinas para la vida cristiana es la idea de segmentar la existencia entre lo sagrado y lo secular. Este dualismo sugiere que ciertas áreas de la vida pertenecen a lo "espiritual" y otras a lo "mundano," creando una desconexión en la vida del creyente que contradice la enseñanza bíblica sobre la soberanía de Cristo y la unidad de la vida en Él.

CRISTO ES SEÑOR EN TODOS LOS ÁMBITOS DE LA VIDA

La Escritura enseña claramente que Cristo es Señor de todo, sin excepción. En Colosenses 1:16-18, el apóstol Pablo escribe: "Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten. Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia; él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia." Aquí, Pablo no deja lugar a un dualismo entre lo sagrado y lo secular. Cristo tiene la preeminencia en todas las cosas, lo cual incluye cada aspecto de nuestra vida: familia, trabajo, estudio, y esparcimiento.

EL CRISTIANISMO ES UN ESTILO DE VIDA, NO UNA PARTE DE LA VIDA

La separación entre lo sagrado y lo secular niega la realidad de la nueva identidad en Cristo. Pablo, en 2 Corintios 5:17, afirma: "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas." El creyente es una nueva creación, lo que implica que toda su vida está bajo la dirección del Espíritu Santo. No hay un área de nuestra existencia que no esté bajo la redención de Cristo. Por lo tanto, nuestra vocación, nuestras relaciones, y nuestros deberes diarios no son menos espirituales que nuestras oraciones o adoración dominical. En Cristo, toda la vida es santificada.

TODO PARA LA GLORIA DE DIOS

El apóstol Pablo también enfatiza que toda acción del cristiano debe hacerse para la gloria de Dios. En 1 Corintios 10:31, instruye: "Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios." No se nos permite relegar ciertas partes de nuestra vida a un ámbito "secular" donde Dios no tiene autoridad o interés. Comer, beber, trabajar, estudiar, descansar: todo es para la gloria de Dios. Esto demuestra que no hay acciones triviales o mundanas en la vida del creyente. Todas nuestras actividades, cuando son realizadas en fe y obediencia, son sagradas y espirituales.

DIGAMOS NO AL "CRISTIANISMO BIPOLAR"

El dualismo entre lo sagrado y lo secular es una distorsión peligrosa, una especie de "cristianismo bipolar" que niega la unidad de la vida cristiana en Cristo. La Escritura enseña que Cristo es Señor de todo, que toda nuestra vida es transformada por nuestra nueva identidad en Él, y que toda acción debe hacerse para la gloria de Dios. Como creyentes reformados, debemos rechazar cualquier división entre lo espiritual y lo mundano, reconociendo que todas las cosas están sometidas a Cristo y que nuestra vocación es vivir una vida íntegra, donde cada aspecto de nuestra existencia refleje la preeminencia de nuestro Señor y Salvador.