La fe cristiana mira hacia el futuro, en espera del regreso de Cristo - la fecha del retorno del hijo de Dios es desconcida, pero está claro que cada día estamos más cerca del final. Esta doctrina del fin del mundo no pretende infundir miedo o espanto en los creyentes, sino alentarnos a perseverar en la certeza de victoria y triunfo que se nos ha asegurado - además de consolarnos en la esperanza de recibir una herencia eterna y gozar de las bendiciones de la tierra nueva.
Mientras tanto, la iglesia vive en una tensión histórica entre la primera y la segunda venida de Cristo. El libro de Apocalipsis simboliza el tiempo entre la primera y la segunda venida de Cristo con un período de mil años - ese mismo lapso es simbolizado en el libro de Daniel como la última semana de un total de setenta. Y así, las escrituras nos avisan de la cuenta regresiva en el tiempo hacia el cierre de la historia - el exilio en que se encuentras los santos llegará a su fin; el pueblo de Dios arribará a la tierra prometida y todo el que haya acabado la carrera tendrá reposo perpetuo.
El mensaje de Hebreos es un llamado a la paciencia, a correr la carrera con la mirada puesta en Cristo - autor y consumador de nuestra fe, quien nos invita a entrar a su reposo - una bendición de dicha, bienestar y vida en la eternidad.
Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. (Dan 9.27)
Porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aún un poquito, Y el que ha de venir vendrá, y no tardará. (Heb 10.36-37)