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CUATRO REGLAS FUNDAMENTALES DEL MATRIMONIO

Regla #1:

Amarás a la MISMA persona en cada etapa de tu vida restante - no hay devoluciones, el pacto es "hasta que la muerte nos separe"; muchas cosas cambian desde que decimos "sí acepto" los cuerpos envejecen, los defectos afloran, la familia crece, los proyectos cambian - pero el matrimonio ha de permanecer unido en Cristo como una sola carne.

Regla #2:

Entiende que la OPERACIÓN SANTIFICACIÓN ha entrado en "nivel turbo"; esa compañía de por vida llamada cónyuge será una grata bendición que muchas veces expondrá lo peor de nosotros, nos desafiará y nos confrontará a vivir un genuino cristianismo - si las relaciones interpresonales tienen un efecto santificador en nosotros, el matrimonio será un medio cotidiano por el cual Cristo moldeará nuestro carácter.

Regla #3:

A partir del "sí acepto" repítete cada día "NO ME PERTENEZCO A MÍ MISMO" - en el matrimonio, esposo y esposa son una sola carne - "el marido no tiene más potestad sobre sí, sino la esposa y la mujer no tiene más potestad sobre sí, sino el marido" ¿Demasiado intenso? ¿Una demanda exagerada? Sí, y por eso mismo debe tomarse con la mayor seriedad posible una decisión tan importante.

Regla #4:

Recuerda; OTRAS PERSONAS están mirando; tu matrimonio será un poderoso testimonio de la gracia de Dios o un ejemplo que desalentará a otros. La manera en que honres a tu cónyuge le muestra a tus hijos, vecinos, familiares y amigos tu grado de compromiso, lealtad y fidelidad - y así mismo, tu descuido del matrimonio afectará más personas de lo que crees.

Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol,  (Ecl.9.9)

 Bebe el agua de tu misma cisterna, Y los raudales de tu propio pozo. ¿Se derramarán tus fuentes por las calles, Y tus corrientes de aguas por las plazas? Sean para ti solo, Y no para los extraños contigo. Sea bendito tu manantial, Y alégrate con la mujer de tu juventud...  (Pro 5.15-18)

Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.  (Mat 19.5-6)