TANTA DOCTRINA PUEDE SER DAÑINA…
La afirmación de que "la letra mata" ha sido malinterpretada por muchos, generando un prejuicio hacia el estudio de la sana doctrina. Este malentendido se basa en una lectura superficial de 2 Corintios 3:6: "{Dios} nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, pero el espíritu vivifica."
Algunos asumen que estudiar teología o doctrina puede "matar la fe" o apagar el fervor espiritual. Sin embargo, esta conclusión es errada y peligrosa, pues desvía a los creyentes del camino de la verdad revelada en las Escrituras.
En realidad en este pasaje el apóstol Pablo, contrasta el antiguo pacto, que dependía de la letra de la ley, con el nuevo pacto en Cristo, que se caracteriza por la obra vivificadora del Espíritu Santo. La "letra" que mata no se refiere a la enseñanza de la sana doctrina, sino al mal uso de la ley sin la gracia de Dios. En lugar de sugerir que la doctrina es dañina, Pablo enfatiza la necesidad de una comprensión correcta de la obra del Espíritu en relación con la verdad de Dios.
El rechazo a la doctrina puede surgir de diversas fuentes. Entre ellas, podemos destacar tres causas principales:
1. Actitud anti-intelectual: En algunas comunidades cristianas existe un desprecio por el estudio teológico y el ejercicio del intelecto. Esta actitud anti-intelectual, aunque disfrazada de piedad, priva a los creyentes de una comprensión profunda de la fe y de la solidez que proporciona la doctrina bíblica.
2. Negligencia ministerial: La falta de formación teológica o la mediocridad en el ministerio también pueden fomentar una postura contraria al estudio de la doctrina. Algunos líderes, al carecer de un conocimiento profundo, optan por suprimir la enseñanza doctrinal en favor de una espiritualidad superficial, lo cual empobrece la vida espiritual de la iglesia.
3. Maestros del error: Quienes enseñan doctrinas erróneas pueden buscar desviar a los creyentes de la verdad. Suprimen la enseñanza de la sana doctrina, argumentando que es peligrosa o innecesaria, cuando en realidad lo que peligra es su influencia o su sistema de creencias distorsionado.
Lejos de ser un peligro para la fe, la sana doctrina es una de las marcas esenciales de la verdadera iglesia. Según la enseñanza reformada, la predicación de la Palabra pura de Dios es una de las tres marcas de la iglesia junto con la administración correcta de los sacramentos y la disciplina eclesiástica. Es la sana doctrina la que nutre la fe, orienta la vida cristiana y protege contra el error y el fanatismo.
La afirmación de que la doctrina "mata" es un malentendido grave. Lo que realmente mata es la ausencia de sana doctrina, la cual deja a los creyentes expuestos a falsedades, extremismos y una vida cristiana desarraigada de la verdad. El verdadero conocimiento de Dios es la fuente de toda piedad.
CRESCAMOS EN EL CONOCIMIENTO Y LA GRACIA DEL SEÑOR
Lejos de apagar la fe, la sana doctrina la aviva, profundiza nuestra comprensión de Dios y nos guía a vivir de manera piadosa. Cuando se abraza correctamente, la doctrina bíblica no mata, sino que vivifica y fortalece. En realidad, el verdadero peligro no está en la doctrina, sino en su ausencia. Cuando la sana doctrina se enseña y se abraza, lo que realmente peligra es el error y el fanatismo, no la fe ni la devoción.