CANTAR es un imperativo para el pueblo de Dios; no una actividad que sólo unos cuantos hacen mientras los asistentes al culto son sólo espectadores - el culto NO es una experiencia de consumo, sino una ofrenda de elogio, gratitud y alabanza a Jesucristo.
Cantar es un asunto DEVOCIONAL, y por lo mismo requiere congruencia entre lo que cantamos y la manera en que vivimos.
Cuando cantamos a nuestro Señor estamos realizando un ejercicio CONFESIONAL; afirmando las verdades que creemos y el evangelio en el cual descansa nuestra esperanza - por eso lo que cantamos debe estar saturado de la palabra de Dios.
Vicios como el consumismo, el protagonismo, el sentimentalismo, el marketing, la musicolatría y la mediamanía deben ser eliminados del culto pues no hacen sino confundir y distorsionar el verdadero propósito de la asamblea de adoradores.
Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. (Jn.4.23-24)