Los adornos navideños vuelven a sus cajas, las luces de colores se apagan y se almacenan - la ropa de temporada vuelve a closet ¿Pero qué pasará con el niño de Belén? ¿Fue un accesorio más de tu navidad o se queda en el corazón como rey y salvador?
Lo bueno de las tradiciones cristianas es que reorientan nuestras agendas, son como referentes en el calendario que nos recuerdan que la vida tiene sentido en Cristo; su persona y obra.
Lo malo, es que por sí solas no serán suficientes para mantener avivada la devoción - porque nuestra búsqueda de Cristo no ha de limitarse a un puñado de días en el año; cada día, en cada temporada y en toda situación Cristo debiera ser nuestro auxilio, guía y Señor.
Si Jesús se queda chiquito como un adorno en el pesebre, la navidad habrá fracasado - pues no bajó del cielo para ser figura decorativa; él reclama rendición, fe y devoción sincera; cada día, toda la vida.
Después de Navidad ¿Qué harás con Él?