Así son las cosas con Jesús:
a medias, nada - con reservas, nunca.
Él no demanda un rinconcito de nuestro ser,
ni espera ser un accesorio de nuestra vida.
Todo el ser, todo el corazón, todas las fuerzas,
toda el alma, toda la vida - él demanda TODO.
La devoción consiste en eso, hacer de Cristo nuestro todo en todo.
Necesidad primera, centro de la vida, prioridad no negociable,
mayor tesoro y único refugio - el principio y fin de todas las cosas.
A él debemos lealtad, confianza y sumisión en todo y Él en todas las cosas no es por refugio, fortaleza, bienestar, salvación, plenitud y dicha - nuestro todo en todo.
Su palabra ha de servirnos como guía y regla para vivir en devoción a él.