Ser creyentes en Cristo asegura paz a pesar de la calamidad y salvación a pesar de la aflicción - dicha eterna, a pesar de la "leve tribulación momentánea".
No es que "a lo mejor" nos toque enfrentar adversidades en la vida. No es que "quizá algo saldrá mal en el camino". No es que "probablemente" experimentaremos dificultades - hemos de asumir la realidad: el dolor será una experiencia eventual, la frustración sacudirá nuestra historia y las adversidades no estarán ausentes en este trayecto llamado "vida".
Si el autor y consumador de nuestra fe, Jesucristo, es definido como un "varón de dolores, experimentado en quebranto" ¿Por qué sus seguidores e imitadores de su carácter habríamos de esperar un trato preferencial o una exención del padecer cierta dosis cotidiana de dificultades? - No debiera sorprendernos tanto la miseria, sino la provisión misericordiosa de Dios.
No tendría que ser tanto el lamento por lo no recibido, sino abundante la gratitud por todo lo que se nos extiende desde el trono de la gracia - incluso no debiera perturbarnos tanto la muerte, sino fortalecernos en la victoria que nuestro Señor ha ganado sobre el sepulcro.
No se trata de negar el dolor ni de disimular la miseria; la vida en este escenario temporal es difícil - la enfermedad es un riesgo latente, la necesidad cala hondo, la injusticia y corrupción son desesperantes; hay peligros, ocurren accidentes, se agotan las fuerzas y no alcanzan los recursos. Pero esta es la proclama del evangelio: toda aflicción, cada tribulación y las múltiples calamidades que lleguemos a enfrentar son temporales, son angustias transitorias y males fugaces en comparación con la dicha, la saciedad y el deleite que se avecinan con el regreso de Cristo.
Al final de esta historia, los redimidos saldrán librados de TODAS sus aflicciones por la gracia y el poder de Jesucristo.
Salmo 34:19 dice: "Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová"