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La providencia de Dios no es excusa para la irresponsabilidad, ni permiso para la ociosidad - y mucho menos ha de servir como pretexto para la necedad.

Dios me cuida, pero le pongo llave y candado a mi casa

Dios me protege, pero uso el cinturón de seguridad

Dios me sustenta, pero debo ir a trabajar

Dios me sana, pero debo prevenir la diabetes

Dios me provee, pero debo ahorrar y salir de deudas

Dios me guarda, pero el cubrebocas no está de más

Dios me perdona, pero debo huir del pecado

El que es inteligente ve el peligro y lo evita; el que es tonto sigue adelante y sufre las consecuencias

Proverbios 22:2