Sacrifica a Dios alabanza, Y paga tus votos al Altísimo. (Salmo 50:14)
Es común que en nuestra cultura, la idea de hacer "un sacrificio" nos hace pensar en algo que nos resultará difícil, incómodo e incluso doloroso, pero que "ni modo, hay que hacer el sacrificio".
Sin embargo, cuando la biblia llama a los beneficiarios del Pacto a SACRIFICAR alabanza a Dios, no debemos de pensar en dicho SACRIFICIO como una carga, como algo que nos causará pérdida o agravio - necesitamos pensar en un SACRIFICIO como lo habría hecho un israelita.
Para el pueblo de Irsael, un llamado al SACRIFICIO era una invitación a una celebración. Los días de sacrificio eran días de fiesta. Decir "ofreceremos sacrificio" era decir "comeremos rico" porque los sacrificios involucraban comida; carne exquisitamente preparada (como la cena de Pascua) - además, los días de sacrificio eran días de reposo; las labores habituales eran abandonadas para proceder a la celebración y experimentar gozo y alegría en comunión con Dios.
De manera que ofrecer SACRIFICIOS de alabanza no significa practicar una autoflagelación ni experimentar dolor o tortura, sino unirnos como pueblo beneficiario de Dios en una celebración de la misericordia y grandeza de nuestro Señor del pacto.
ALABEN la misericordia de Jehová, Y sus maravillas para con los hijos de los hombres; ofrezcan SACRIFICIOS de alabanza, Y publiquen sus obras con júbilo.
(Salmo 107:21-22)