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¿Qué evangelio estamos celebrando?

En la época presente de pandemia en que nos tocó vivir, hay un evangelio que cobra cada vez más fuerza y adeptos – es el evangelio de la “nueva realidad”, cuyo momento clímax ocurrirá cuando los expertos digan “ENCONTRAMOS LA SOLUCIÓN” y entonces la humanidad tenga acceso a la vacuna que logrará ponerle fin a la mortandad voraz que el COVID19 ha desatado… no sabemos si se descubrirá tal remedio, ni siquiera tenemos certeza de que pueda haber un antídoto – parece que los humanos confiamos demasiado en nosotros mismos – y sin embargo, pedimos a Dios que conceda la sabiduría, los recursos y los medios para aliviar la crisis sanitaria mundial.

Este “evangelio” – centrado en el esfuerzo humano – ha sido siempre el mismo en diversas épocas, sólo se ha venido reciclando. Tras la salida de Edén, la humanidad aplicando esfuerzo, determinación y perseverancia para encontrar la solución a sus males. Y a veces, pareciera que encuentra la cura, nos entusiasmamos con un posible remedio - ¡Lo encontramos! …para luego sólo darnos cuenta de que el experimento fracasó; la miseria, la frustración, el gemido y el vacío siguen siendo parte de la REALIDAD, antigua, presente o “nueva”, no importa, la “buena noticia” sigue sin llegar, simplemente NO HEMOS ENCONTRADO SOLUCIÓN.

El otro Evangelio, el de Génesis 3:15 no se trata del hombre tratando de encontrar la solución, sino de la solución encontrando al hombre – no es una historia de esfuerzo y dedicación humana sino de rescate e iniciativa DIVINOS. La buena noticia del Evangelio, el de la cruz y los clavos sosteniendo al Hijo de Dios, no es “mira qué grande es el ser humano” sino “¡Mira qué grande es nuestro Salvador!” – es Dios quien viene al encuentro de miserables, frágiles y torcidas criaturas por pura MISERICORDIA.

El evangelio no se trata de los humanos encontrando la solución a nuestros males, sino de la solución a nuestros males encontrándonos.  “Fui ciego, mas hoy miro yo – PERDIDO Y ÉL ME HALLÓ”

La buena noticia es que el rebaño que andaba descarriado, ahora tiene un BUEN PASTOR que entiende a sus ovejas, que estima a sus ovejas, que encuentra a las ovejas y que estará para siempre con sus ovejas.

“…Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido” (Luc.15:6)

Porque vosotros erais como ovejas DESCARRIADAS, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas. (1Pe 2:25)