La diferencia entre el quejoso y el agradecido, es que el primero se considera merecedor de derechos y el segundo se asombra al saberse receptor de privilegios – es la diferencia entre contar favores recibidos por misericordia y demandar el cumplimiento de deseos caprichosos.
El rebaño de Cristo es un rebaño bendecido, porque una vez que el gran Pastor se ha ofrecido hasta la muerte por rescatar a esta manada, no hay lugar para la duda o la ansiedad por parte de las ovejas ¿Será que nos ama? ¿Será que nos cuide? ¿Se olvidará alguna vez de nosotros? ¿Podrá sustentarnos durante todo el tránsito por la vida? – Si estuvo dispuesto a ser traspasado y sangrar hasta la muerte por sus corderos, no tiene sentido hacerse estas preguntas.
Cada oveja de este bendito rebaño puede descansar confiada en los brazos de su Pastor, Jesucristo. Nada nos faltará.
Su provisión es benefactora, es un privilegio especial para sus redimidos; es generosa y es segura.
EL SEÑOR ES MI PASTOR; NADA ME FALTARÁ.