Debemos tener cuidado con las expresiones y analogías que usamos. Para muchos es común referirse a su relación con Dios en términos de haberle abierto a Cristo la puerta de su corazón – Algo así como si le hubiera dicho a Jesús: “Te invito a venir a mi vida, te abro la puerta de mi corazón…” pero tal expresión, por tierna que parezca y por familiar que pueda ser, no se encuentra en la biblia – de hecho, lo que encontramos en la imagen inversa: es Dios quien te invita a su casa; es él quien te brinda el privilegio y bendición de darte la bienvenida junto a él – El cristianismo; la relación que gracias a Cristo disfrutas con el Padre, no comenzó el día que le diste asilo a Cristo en tu vida, sino el día que Cristo te dio asilo en su Reino, en el momento en que El Dios bondadoso te recibió como refugiado en su morada, dándote protección de tu angustia y proveyéndote lugar en Su mesa.
Uno de mis himnos navideños favoritos, quizá el único himno navideño que me gusta es aquel que se titula “tu dejaste tu trono y corona por mí” – hay una estrofa, la última, que habla del regreso de Cristo, y dice “Tu voz entre nubes dirá - ven a mí; que hay lugar junto a mí para ti”
No deberíamos esperar hasta navidad para celebrar la venida de Jesús, si cada día podemos alegrarnos y celebrar el hecho de que el Hijo de Dios vino para abrirnos el camino de vuelta a Dios y para concedernos libre acceso a su gloria, a su morada de gozo, bienestar y bondad.
“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días Y EN LA CASA DEL SEÑOR, MORARÉ POR LARGOS DÍAS”