Muchas ciudades en la actualidad superan la comodidad de la Atenas en que Pablo predicó (Hechos 17) - potencial industrial, opciones de recreación, riqueza cultural, esplendor arquitectónico - e IDOLATRÍA por todas partes.
Porque donde Dios no es conocido, los ídolos sirven como sustitutos de Él - versiones falsas y frustrantes del gozo, consuelo y paz que sólo Cristo nos puede dar.
¿Se enardece nuestro corazón como lo hizo el de Pablo al ver a la ciudad sumida en idolatría? ¿Nos damos cuenta de la urgencia de proclamar al Dios verdadero a quienes viven en tinieblas, sin Dios y sin esperanza en el mundo?
La iglesia no fue puesta en la tierra para hacer labor turística, sino evangelista - proclamar las virtudes de aquel que es luz y salvación.
Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres. Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan... {Hechos 17.29-30}